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No es la escuela, es el alumno": entré a la UNAM

Escrito por CONAMAT | 30 jul 2026 07:50:11
Blog · Testimonio UNAM 2026

Contado por ella · Seleccionada 2026

No es la escuela, es el alumno

Mara Valderaz entró a la UNAM en la carrera que había elegido. Esto es lo que tuvo que desaprender antes de conseguirlo.

Curso UNAM Testimonio verificadoLectura: 7 min

Cuando vi mi resultado fue impactante. Y no solo porque había entrado, sino por algo más específico: me quedé en la carrera que yo había escogido. No en la segunda opción, no en algo parecido. En la que quería.

Eso es lo que casi nadie te explica cuando estás compitiendo por un lugar. Entrar es una cosa. Entrar a lo que de verdad querías estudiar es otra, y es la que cambia los siguientes cuatro años de tu vida.

Hoy con todo el orgullo del mundo puedo decir que soy Puma. Soy UNAM. Pero un año antes, había una frase que se me atravesaba cada vez que lo decía en voz alta.

Mi papá pasó por la misma facultad

Mi papá es contador. Estudió en la facultad de contaduría, en esta misma universidad. Y logró cosas a las cuales yo aspiro.

Elegí estar aquí porque esta universidad me puede dar las bases para lo que yo algún día quiero lograr. No es solo el nombre ni el escudo: es que sé, porque lo vi en mi casa, que de aquí se sale con algo con lo que se puede construir una vida.

Pero lo que más le agradezco a mi papá no es el ejemplo profesional. Es una idea que me enseñó y que en su momento me costó creer:

La escuela no te limita a lograr lo que tú quieras.

Cuando te lo dicen así, suena a frase de calendario. Cuando llevas años escuchando lo contrario, cuesta más.

«Es escuela pública, entonces…»

Muchas veces se tiene esa idea de que si no es escuela privada no puedes lograr grandes cosas.

Nadie te lo dice de frente. Es más bien un gesto, un silencio, una frase que se queda a la mitad. «Es que es escuela pública, entonces…» Y ahí se detiene. Nadie termina la oración, pero todos entienden lo que sigue.

Yo escuché esa media frase muchas veces antes de presentar. Y lo peor de ese tipo de comentarios no es lo que opinan de ti los demás: es que te los empiezas a creer. Empiezas a bajar tu expectativa antes de haber intentado nada, y le llamas realismo.

Y no es la escuela. Es el alumno.

Eso lo entendí del todo cuando vi mi resultado. La universidad no me preguntó de dónde venía ni cuánto pagaba mi familia por mi educación. Me preguntó lo mismo que a todos los demás. Y ahí el examen es lo más justo que hay: no le importa tu escuela, le importan tus aciertos.

Lo que tuve que aprender a hacer distinto

Yo sabía llevar mi proceso. Tenía mis formas, mi manera de organizarme, y me funcionaban en la escuela. Pero preparar el examen de la UNAM me pidió algo que no había hecho antes: conocerme de verdad.

Saber cuáles son tus fuertes y cuáles no son tus fuertes. Y después hacer lo incómodo:

Empezar por lo que más te cuesta trabajo.

Suena obvio escrito así. No lo es. Lo natural es repasar lo que ya te sale, porque se siente bien y te deja la sensación de haber avanzado. Pero los aciertos que te faltan están exactamente en las áreas que estás evitando. En el examen no hay puntos extra por lo que dominas de sobra.

Y hubo otra cosa, que quizá fue la más difícil: adoptar la humildad de escuchar a la persona que tienes enfrente, porque él sabe lo que te está diciendo.

Cuando llegas con tu propio método y alguien te corrige, la primera reacción es defenderte. Me tardé en entender que el asesor que tenía enfrente había visto ese examen muchas más veces que yo, y que discutirle me estaba costando semanas. En el momento en que empecé a hacer lo que me decía —sin negociar cada indicación— mi preparación cambió de velocidad.

Acostumbrarte a lo bueno

Creo que es cosa de disciplina: empezar haciendo las cosas bien y seguir un proceso así. Querer hacer las cosas bien, no nada más terminarlas.

Y pasa algo curioso con eso. Cuando te acostumbras a lo bueno y a hacer las cosas bien, es difícil no seguir haciéndolo. La disciplina deja de ser un esfuerzo y se vuelve la forma en la que trabajas. No fue fuerza de voluntad todos los días: fue haber armado bien las primeras semanas y no querer romper eso después.

Y hay que ponerlo en perspectiva: solamente son unos meses los cuales vas a invertir para tener un mejor futuro y estar en una gran universidad como lo es esta. Unos meses. Contra una carrera y una vida profesional. Cuando lo ves así, la cuenta sale sola.

Hoy soy Puma

Todo esto se lo debo al equipo que me acompañó en CONAMAT. El personal que está ahí, el material que te brindan: te están dando todas las herramientas que tú necesitas para formar parte de esta gran universidad.

Las herramientas, no el lugar. El lugar lo tienes que ganar tú en el examen. Pero llegar sin herramientas a competir contra miles de personas que sí las tienen es una desventaja que no hace falta cargar.

Y hoy, dirigiéndome a todas esas personas que alguna vez estuvieron en mi posición —de querer entrar a la universidad, de querer formar parte de la UNAM—: si quieres estar aquí, tu mejor opción es CONAMAT.

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Lo que a mí me funcionó, en el orden en que importa.

1 · Conócete antes de estudiar

Averigua cuáles son tus fuertes y cuáles no, con datos y no con corazonadas. Un examen de práctica completo al principio te da un número en lugar de una sensación, y ese número es el que ordena todo lo demás.

2 · Empieza por lo que más te cuesta

Repasar lo que ya dominas se siente productivo y no lo es. Los aciertos que te faltan están en las áreas que estás evitando porque te frustran. Ahí van las mejores horas de tu día, no las que te sobran.

3 · Escucha con humildad a quien te asesora

La persona que tienes enfrente ha visto ese examen muchas más veces que tú. Discutirle cada indicación para defender tu método te cuesta semanas que no vas a recuperar. Haz caso primero, evalúa después.

4 · Arma bien las primeras semanas

La disciplina de los últimos meses se decide al principio. Cuando te acostumbras a hacer las cosas bien, cuesta más romperlo que mantenerlo. Y al contrario: si arrancas improvisando, vas a improvisar hasta el final.

5 · Apunta arriba del corte del año pasado

Los aciertos mínimos suben. En 2026 lo hicieron en casi todas las carreras: Medicina pasó de 114 a 117 aciertos, Derecho de 89 a 105 y Administración de 90 a 108. La DGAE publica los aciertos por carrera cada año. Consúltalos y ponte una meta por encima, nunca justo en el corte.

6 · Deja de escuchar de dónde vienes

Si alguien te insinúa que tu escuela te limita, no discutas: prepárate. El examen es lo más parejo que vas a encontrar, porque no pregunta de dónde vienes. Y no es la escuela, es el alumno.

Mara Valderaz es alumna de la UNAM en Derecho. Se preparó 6 meses en el plantel CONAMAT Coyoacán.

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Igual que Mara: primero el diagnóstico, después el plan. Cursos UNAM en línea o presencial, en más de 40 sedes. Preparando aspirantes desde 1989.

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Mara Valderaz autorizó por escrito la publicación de su nombre, carrera y resultado. Los aciertos de corte citados provienen de la publicación oficial de la DGAE. CONAMAT prepara aspirantes desde 1989 y no está afiliado a la UNAM ni garantiza el ingreso: la asignación depende de la Universidad y de sus propios criterios. Si alguien te ofrece un lugar asegurado en una institución pública a cambio de un pago, es un fraude: esos lugares no se venden.